martes, 30 de julio de 2013

De FERRE y CAPITÁN CAVERNÍCOLA Blues Band 09/08/13

Léelo n'asturianu
El murciano De Ferre es un guitarrista bien curtido en la escena centroeuropea del blues, a la que llegó después de una vida llena de viajes, domicilios en diversas ciudades españolas y europeas, y participación en distintas bandas -fundamentalmente de jazz- donde inició su carrera. Ahora, con una nueva vida en Lieja (Bélgica) y tras dejar atrás su paso por el reconocido grupo holandés The Hoodoogang, se ha especializado en actuaciones en pequeño formato (trío), o incluso en solitario, como le disfrutamos el pasado viernes en Valles. Estudioso y amante de las raíces del blues, su repertorio se concentra en el Delta Blues, con canciones correspondientes a las décadas ’20 y ’30 del pasado siglo, revisando a los autores pioneros -Robert Johnson, Blind Lemon Jefferson, Spik James o el primer Muddy Waters- , a los que homenajea con refinadas versiones o con temas propios inspirados en ellos, recogidos, por ejemplo, en su último disco ‘Twelve Shades’.
El inquieto intérprete, que ya pasó por Valles en 2009 dejándonos un gran sabor de boca, ofrece una técnica depurada y un gusto selecto a la hora de componer e interpretar, acompañándose de diversos instrumentos como el dobro y el Lap Steel, o incluso los fabricados por él mismo con cajas de galletas o de puros.
Los temas están muy currados, ha pasado años perfeccionando un estilo que le permita actuar en solitario, -muy diferente al que esgrime cuando toca en una banda como guitarra solista o de acompañamiento-, teniendo en esta ocasión que combinar melodías con bajos y ritmo, para lo que utiliza con frecuencia el slide y el fingerpicking.  Y acompañándose también de la voz, que domina y empasta a la perfección con el instrumento. Se lo toma en serio, el hombre pasó dos años estudiando canto antes de atreverse a utilizar la garganta en el escenario, y eso se nota. Una voz áspera pero convincente acompaña a los ritmos intensos y sincopados de la guitarra, unidos a letras escritas en su día por los negros de la orilla del Mississipi en claves poéticas y metafóricas que intentaban saltarse la censura del momento, y que el intérprete fue presentando al numeroso público que llenaba la sede con un acertado rigor histórico. No faltaron los guiños a temas muy conocidos, como el ‘I just want to make love to you’, que ‘Chile’, el cantante de CCBB, acompañó con su armónica.
En la segunda parte de la noche, el blues volvió la cara hacia Chicago, evolucionando hacia el rythm and blues, el rock and roll y el swing de la mano de Capitán Cavernícola Blues Band. Un cuarteto de Avilés formado por los hermanos Luis y Pablo Fernández a la guitarra y el bajo, Alejandro Nelson ‘Chile’ a la voz y la armónica y el batería Charly Sevillano, que se acompañaban en esta ocasión con un trío de metales. La banda lleva más de 20 años funcionando con varios discos ya en el mercado- el último llamado ‘Blues Band’, presentado este mismo año-,  aunque lo que disfrutan con verdadero deleite es el directo. Genuinos animales de escenario, tocan habitualmente en festivales y garitos de toda Asturias y en distintas ciudades españolas, exhibiendo un show pleno de desbordante energía en el escenario, un festivo homenaje al rock and roll más genuino, interactuando permanentemente con el público y  buscando su complicidad, aunque en esta ocasión en Valles la gente parecía decantarse más por la escucha atenta que por el bailoteo generalizado. Empezaron presentando temas propios, llenos de ritmo como ‘Sueño’, ‘Ella me trata bien’, ´’Salgo por la noche’ o ‘Así no hay quien viva’ que da nombre a su último single y videoclip, entre los que iban intercalando conocidas versiones como el ‘I’ve got mu mojoworkin’, popularizado por Muddy Waters, el ‘Room to move’ de John Mayal o ‘La tierra de las mil danzas’ de Wilson Pickett. En el escenario la banda se desenvolvía con comodidad -tantos años juntos dan complicidad y solidez al grupo-  mostrando animosas introducciones, una base rítmica sencilla pero muy energética y resultona,  y un cantante que no paraba un momento en el escenario, bailando y espoleando al personal, encadenando temas que hablan de la vida cotidiana y del amor con constante toques de humor, y acompañándose de la armónica. El trío de metales, con Jorge Viejo y Tomás Fernández a los saxos, y Rubén Hernández a la trompeta, aportaba brillo y color a los temas, dándoles un toque más soulero y acercándolo también a las bigbands de los ’50.  El show transcurrió lleno de ritmo y dinamismo, acelerando al público que al final bailaba y coreaba los temas conocidos, como el ‘Born to be wild’ famoso por la peli  ‘Easy Rider’, y que terminó sudando la gota gorda.
En fin, una muy agradable noche de verano, calurosa y plena, la disfrutada en Valles, llena de referencias al blues que tanto nos gusta a los de Bocanegra, y que como siempre compartimos con los amigos y amantes de la música en directo, esa extraña secta.

Conchi Gálvez
CAPITAN CAVERNÍCOLA & DE FERRE 09/08/2013
Fotos: Nacho Sariego

martes, 16 de julio de 2013

HARMONICA CREAMS 27/07/2013

LÉELO N'ASTURIANU
La fascinación de los músicos japoneses por las músicas del mundo -alguna de ellas de un carácter tan local y endogámico como el flamenco- y su habilidad portentosa para la ejecución,  son hechos conocidos y que han dado pie a todo tipo de reacciones y comentarios, desde la contemplación ojiplática en youtube de jóvenes ejecutantes nipones, hasta la parodia y el chiste fácil.
Repasando la historia musical de los últimos años en Japón, pueden encontrarse en ella solistas y bandas de todos los estilos que han sabido absorber y replicar de manera sorprendente lo mejor de  la música occidental del último siglo, desde los pioneros grupos de rockabilly surgidos en los ’50 a la sombra de la moda norteamericana, hasta los más vanguardistas ejemplos de música electrónica, pasando por los estilos más representativos de cada década: el beat, el rock progresivo, la música disco, la new wave, o incluso el reggae.
Y con  la música celta, y aunque nos resulte un poco chocante, no podrían ser menos. Además de tener algunas discográficas especializadas, en Tokio se celebra anualmente un conocido festival celta que incluye, además de música y danza, exposiciones de arte y artesanía, seminarios y talleres. Existe también una organización llamada CCE Japón, que ofrece cursos sobre la mayoría de los instrumentos irlandeses,  y un consolidado circuito de pubs irlandeses, en los que es posible escuchar esta música en directo.
Con estos antecedentes no resulta entonces tan raro escuchar los sonidos del arco atlántico de manos de una banda del país del sol naciente. El cuarteto ‘Harmónica Creams’  está integrado por Yoshito Kiyono, armónica; Aiko Obuchi, violín irlandés; Koji Nagao, guitarra; y Toshi Bodhran, bodhran. Es una banda muy joven, formada en el año 2009, y ante la que se abre una imparable y fructífera carrera, tanto por la originalidad y singularidad de sus composiciones, como por su presencia en el escenario, llena de fuerza, elegancia y energía.
La banda resultó ganadora del Proyecto Runas el pasado año, un concurso destinado a la promoción de grupos de folk emergentes que desde el 2000 se celebra en el marco del Festival de Ortigueira. Dicho premio les aseguraba un hueco en la programación 2013 del afamadísimo festival gallego, donde tocaron el día 12 de julio, compartiendo el escenario con -entre otros- los míticos Gwendal, un verdadero sueño para ellos. Han tocado también en otros puntos de Galicia, Portugal y Asturias. En 2011 publicaron el álbum ‘Analyse de toucher’, cuyos temas presentaron en nuestra sede.
Hacen un folk celta nada ortodoxo -a pesar de que las influencias son palpables y tocaron varios temas tradicionales irlandeses con absoluto rigor-, pero su estilo va más allá, la presencia de la armónica le aporta esos matices que lo acercan al folk americano y el blues, y por otro lado, se aprecia también el peso de su propia música tradicional, que introducen en las composiciones.
El concierto empezó con un recuerdo para quienes perdieron la vida en el triste accidente de tren en Santiago de Compostela, y especialmente para el gaitero Santi Barral, quien durante varios años vivió y trabajó en Oviedo en los chigres más folkies de la ciudad, y al que se dedicó el concierto. Con el exquisito ‘Garage de Rome’ abrieron la noche, ante un público ya numeroso que esperaba con curiosidad y expectación, y que rápidamente se dejó seducir por el magnetismo de la banda. Dos medio tiempos, ‘Kazetowatashi’ y ‘Halcyon’ animaron ya al personal a mover los pies. El repertorio, dividido en dos pases, estuvo integrado básicamente por composiciones propias, salpicados por temas irlandeses muy conocidos, como ‘Abbey Reel’, ‘Ships are saling’ o ‘Turf Lodge’, inspirado en el famoso barrio de Belfast.
Un cuarteto muy bien compensado, en el que la armónica llevaba la voz cantante, pero el virtuosismo venía de la mano de la violinista Koji Nagao, que con una facilidad sorprendente  pasaba del folk al blues y al country, con sutiles toques jazzeros a lo Jean Luc Ponty. Una verdadera máquina de ejecución del instrumento, con un exquisito gusto y  un interesante estilo improvisativo. Por su parte, el ritmo venía dado por guitarra acústica muy correcta y animosa, siempre en su papel, y un percusionista más que acertado, que se fue creciendo a lo largo de la noche, reforzando su labor con el bodrham con el toque de platos y una cortina de barras que incrementaba el punto oriental de los temas en ciertos momentos. El protagonismo de la armónica fue indiscutible, enlazando melodía y largos solos que desde luego no tenían el toque lastimero y desgarrado del afilado aullido del delta, pero que transmitían otras emociones, desde mi punto de vista más cercanas al espíritu oriental: ingravidez, equilibrio, delicadeza y serenidad, aunque también hubo momentos de caña.
Con una sonrisa de oreja a oreja y un amistoso lenguaje corporal, Yoshito se esmeraba -como en una ‘Lost in translation’ al otro lado del espejo- en presentar los temas y comunicarse con un público que apenas le entendía, pero que respondía activamente a su discurso, más por las ganas y el buen rollo que por el propio mensaje, que mitad en inglés, mitad en un precario español, terminaba siendo un galimatías.
En el segundo pase, Yoshito y la violinista Aiko unieron sus voces en el emotivo ‘Requiem 11’,  una balada de dulce melodía, que en su día fue compuesta para los fallecidos en el terremoto de Japón,  a partir del cual, el ritmo de los temas y de la ejecución fue subiendo en intensidad y ritmo, al igual que la respuesta del público, que ya abarrotaba la sala, bailaba y acompañaba los temas con palmas. Acabaron con dos temas de lo más animado, ‘Chevere’ y ‘Matrix’, después de casi dos horas de concierto ante un público agradecido pero que hubiera seguido con ellos todavía un buen rato, pues la música en ningún momento llegó a cansar ni resultar repetitiva a pesar de su marcado estilo.
Desde luego, una experiencia muy sorprendente la vivida en Valles con los ‘Harmonica Cream’, que demuestra una vez más que la música es un lenguaje universal y que el feeling traspasa las barreras idiomáticas y culturales, creando momentos únicos e inolvidables. Enhorabuena otra vez a la asociación Bocanegra su acierto permitiéndonos disfrutar de esta maravillosa banda, y por la magia compartida el pasado sábado.
Conchi Gálvez
LÉELO N'ASTURIANU

HARMONICA CREAMS 27-07-2013
Fotos: Nacho Sariego

viernes, 21 de junio de 2013

PHOTOSURF&ROCK 06/07/2013

El pasado sábado 7 de junio recibimos en nuestra sede al trío gijonés ‘Miki y Los Dora‘, de estilo básicamente surfero, y cuyo nombre es homenaje al legendario surfista estadounidense de los años ’60, un tipo tan magistral entre las olas como inadaptado entre sus congéneres, un hombre solitario y antisocial, una outsider  que renegaba  del inmenso negocio que en torno a esa forma de vida se estaba cociendo en aquella mítica década, y que se ha convertido en una verdadera leyenda para los aficionados. La programación de la noche se completaba con una proyección en las pantallas de la sede y la terraza de un conjunto de fotografías y vídeos realizados por los mejores especialistas del género, que recogían instantáneas de distintas partes del planeta con la temática del surf y sus personajes como protagonista. Fotos de impresionante belleza y plasticidad, llenas de olas, tubos, espuma y cuerpos atléticos. Playas increíbles, palmeras y puestas de sol completaban la excelente muestra, dejando en el ambiente una sensación de frescor que nos venía al pelo en estas fechas tan calurosas que estamos disfrutando en Asturias.
La noche estaba especialmente agradable, los rescoldos del apabullante calor del día todavía hormigueaban en la piel,  la sangre fluía con ardor, y había sed. Cuando llegamos con los músicos después de cenar, la sede estaba prácticamente vacía, pero ya  con el inicio de la proyección fueron apareciendo los primeros asistentes, cuyo número iría creciendo a lo largo de toda la noche. A las 11:30 sonaban los primeros acordes sobre las tablas. A pesar de la juventud de la banda, formada este mismo año, el trío sonaba empastado y con aplomo, como corresponde a viejos amigos y colegas de escenario. Guitarra (Juan Toraño, cuyo padre resultó ser oriundo de Villamayor y que se pasó media noche compartiendo con los presentes viejas anécdotas familiares) y baterista (Coke Makaha) llevan dando caña en Kings of Makaha, la emblemática banda surfera de Gijón, más de cinco años, y el bajista (Padre Karras) también ha participado con ellos en otras formaciones, por lo que esta nueva  banda no es más que un punto y seguido en sus trabajos habituales, un reencuentro en torno al surf rock, el garaje y el rock apunkado.
A priori la banda decía tener repertorio para una hora aproximada, pero lo cierto es que el concierto se prolongó más de dos horas y cuarto, sin pausa y con prisa, mucha prisa. Los de Gijón mostraron sus gustos desde el primer momento: música sin complicaciones, pero muy viva, ritmos sesenteros  acelerados  e intensos, de esos que te hacen moverte de la cabeza a los pies, y un sonido directo y convincente. El público parecía tomarse las cosas con tranquilidad, a pesar de las ocurrencias y chascarrillos del simpático Coke Makaha, que apenas conseguían dar descanso entre tema y tema a ese ritmo frenético, pero como siempre ocurre en Valles la cosa iría animándose poco a poco.  
Batería y bajo sencillos pero efectivos y bien conectados daban a  la  base rítmica un beat y una solidez impecables, sobre los que vibraba la característica guitarra surfera de Juan Toraño, con ese sonido temblón, pleno de  reverb, y metalizado, mitad ingenuo, mitad perverso. El repertorio, digno de cualquier película de Tarantino y básicamente instrumental, con versiones de grandes como ‘The Ventures’, ’The Raybeats’, ‘The Trashmen’ ó Link Wraigse, se acompañó de un par de temas cantados por Coke, como el conocido ‘Twist del esqueleto’. Vertiginosos iban pasando unos tras otro los temas, sin solos ni recreaciones personales, pero con el calor y el ritmo en la sala subiendo por momentos.
Empezaron a despedirse aproximadamente una hora antes de acabar, pero el público estaba con ganas y siguieron con la misma marcha, o más, que al principio. Sonaron un par de bises de tono más oscuro y garajero, pero igual de gamberro, con versiones aceleradas de los Beatles, los Ramones, ó Jimmy Hendrix. En el enésimo bis, los músicos se bajaron del escenario para montar la batería en el suelo, donde  Karras aprovecharía sus habituales cinco metros de cable para moverse por todas las esquinas de la sala dando rienda suelta a sus provocadoras y desafiantes poses, mientras el guitarrista se movía alegremente entre el público, contagiándonos a todos con su frenesí.
Un concierto divertido y de lo más energético el de trío ‘Miki y los Doras’ que nos dejó sudando y con un buen rollo tremendo del que disfrutaríamos el resto de la noche. Hasta pronto amigos, y buena suerte!!

Conchi Gálvez

PHOTSURF&ROCK 6/07/2013
Fotos Nacho Sariego

HEMEROTECA DE LOS CONCIERTOS Y ACTIVIDADES

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