martes, 30 de enero de 2018

RHINO BUCKET VIERNES 09 febrero 2018




Una apuesta por el hard rock más ortodoxo y ‘tradicional’ la ofrecida por la banda californiana Rhino Bucket en Valles. Herederos de la vieja escuela AC/DC, cultivan un estilo tan veraz, auténtico y contundente como los australianos, un rock sin artificios, trampa ni cartón. Más de 30 años dando caña en el escenario y las ideas muy clara avalaban un show con sonido propio y bien cocinado.

El concierto, sin sorpresas, gustó por su honestidad y por el trabajo bien hecho. Formación clásica de voz -esa voz tan rasposa y peculiar-, dos guitarras, bajo y batería. La estructura aparentemente simple de los temas, la intensidad, la contundencia rítmica y los guitarreos a pelo nos hicieron disfrutar del áspero y pesado sonido de las grandes bandas de rock.

La barrera del idioma una vez más frenó los intentos de comunicación del cantante y front man Georg Dolivo, que aún así se echó sus buenas parrafadas, a las que el público respondía con yeahs y aplausos a falta de algo mejor. Sonaron temas de muchos de sus discos, bastante parecidos entre sí de manera que se iban encadenando sin apenas distinguir cuando acababa uno y empezaba el siguiente. El sonido, perfecto en la sala, resaltaba la rotunda base rítmica, con un batera mazo y un bajista preciso y con empuje que metía también sus buenos coros. Echamos de menos un mayor protagonismo del guitarra solista, B. Forshyte, al que le faltó un poco de desparrame, porque el tío lo valía, y apenas se marcó un par de solos. En general todos estaban bastante formalinos, puede que por el cansancio de la gira, el mogollón de conciertos a la chepa o los años, que sin duda nos restan a todos frescura. No quiero con esto quitar mérito a la banda, que nos hizo pasar un más que buen rato y agitar las cabezas con energía. El volumen de público en la sala nos permitió disfrutar con comodidad los noventa minutos de un concierto auténtico en su planteamiento y desarrollo que acabó con aplausos sinceros de los presentes.

Conchi Gálvez
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https://www.youtube.com/watch?v=brKzBs6zDXc
 




miércoles, 17 de enero de 2018

CONCIERTU X ANIVERSARIU 27 DE ENERO 2018

Se celebró el pasado sábado 27 de enero el décimo aniversario de la asociación Bocanegra. Poco podía esta menda imaginar aquel 6 de enero de 2008 en el que Carlos Martagón y su banda Merienda de negros abrían el escenario en la pequeña sede de Valles con un concierto para los de casa y algún amigo llegado para la ocasión, que aquello iba a crecer y consolidarse hasta convertirse en uno de los mejores espacios para la música en directo de Asturias. El camino, como la vida misma, ha estado lleno de sorpresas, sol y nubes, aciertos y errores, encuentros y pérdidas. El número de socios ha ido creciendo, también el volumen de público, la presencia de artistas procedentes de todos los continentes-muchos de ellos tocaban en Asturias por primera vez-, la reforma y ampliación de la sede, las mejoras en el equipo, el lanzamiento del canal youtube para difundir de los conciertos con gran calidad, y mil pequeñas cosas más. La directiva de la asociación también ha ido cambiando en estos años, aunque algunos llevan currado en ella desde el principio, y es de ley agradecerlo. Creo que cada uno de los que hemos formado parte de ella en algún momento, en la medida de nuestras posibilidades, nos hemos esforzado para apoyar este proyecto colectivo nacido de la ilusión de unos pocos. De estos diez años queda ya un poso inolvidable. Anécdotas, miles; buenos momentos, los que más; marrones, alguno también, inevitables y a nuestro pesar. El crecimiento va exigiendo una mayor profesionalidad, responsabilidad y esfuerzo en la programación y la logística de los conciertos y eso pesa, pero ahí seguimos cada noche con ganas de disfrutar.
El aniversario se abrió con unas palabras de la presidenta de la asociación, Ana Canteli, quién agradeció el apoyo de los socios, el pueblo de valles y la familia Camblor que cede altruistamente la sede, y apostó por seguir en la brecha otros diez años como mínimo. Y ya dio paso a las dos bandas de la noche.
Abrieron ‘The Excitments’ band de soul llegada de Barcelona, con una trayectoria imparable. Con gran profesionalidad nos ofrecieron un concierto arrebatador, con un ritmo imparable y contagioso al que era difícil resistirse. Al estilo de las viejas bandas de soul y R’n’b, la elegancia y la pasión iban unidas y alentadas por la vocalista Koko Davis, una verdadera come escenarios, que no paró un minuto de bailar y dar marcha al público. Dando apoyo a su potente voz, y en perfecta armonía, una banda bien empastada y solvente, con dos guitarras, dos saxofones, bajo y batería. Sin protagonismos excesivos pero con eficiente dominio del repertorio, un soul enérgico y delicioso, nos llevaron en volandas durante todo el concierto, bises incluidos. Fueron despedidos con grandes ovaciones y el calor del público agradecido.
Poco tardaron en empezar los ‘Still river’. La banda, integrada por cinco músicos residentes en Bilbao, nos metió en vena el genuino sonido americano del rock de raíces. Una mezcla de rock clásico, country, blues, folk, hillbilly, psicodelia y lo que surja, interpretada con la devoción de las grandes bandas de los ’60-‘70. Mola encontrar buen rollo y disfrute en el escenario, y ellos lo transmitieron muy bien. Fieles al protagonismo de esas guitarras encendidas, la base rítmica omnipresente como un muro acogedor y un organista que inspiraba respeto, fueron encadenando un repertorio variado, mezclando aires intimistas y tranquilos, ritmos polvorientos que sonaban a country, sólidos temas del rock más sureño y guiños sicodélicos en electrizantes improvisaciones. La voz rotunda del vocalista y frontman Dan Cabanela armonizaba y daba continuidad a toda esa mágica mezcla que provocó mas de un aullido entre el público. Acabaron bien arriba, homenajeando a sus ídolos Gratefull Dead y despedidos entre ovaciones del público.
Conchi Gálvez

martes, 12 de diciembre de 2017

GABY JOGEIX 23 diciembre 2017

Fin de  año interesantísimo con la actuación del gran Gaby Jogeix, artista sincrético y con una visión muy contemporánea y cosmopolita del blues, que ofreció desde mi punto de vista uno de los mejores conciertos del año.
Con una sólida carrera a sus espaldas, se presentó en Valles en formato cuarteto, sumando a su interpretación la de tres grandes músicos -bateria, bajo y teclados-con los que se entendió bien en el escenario y que dieron cera y esplendor a un concierto emocionante. Ver a Jogeix a la guitarra eléctrica, la lap steel y cantando con una voz fuerte, expresiva y vibrantemente trabajada, resulta todo un espectáculo. Con una vena perfeccionista casi irritante, afirmaba sobre el escenario tener una misión: hacer disfrutar al público. Para conseguirlo se lo curró a base de bien, nos ofreció un concierto muy largo de más de dos horas, intenso y muy entretenido, con una banda convencida y bien dispuesta.
El repertorio, de lo más eléctrico, amparado bajo el paraguas del blues, el rock, el jazz o el góspel y todo agitado en un cóctel irrenunciable. El bagaje y la versatilidad del artista, tanto en su vertiente compositiva como de interpretación, resultó notable. Cada tema era muy diferente al anterior, y parecía que el músico iba adoptando diversas personalidades musicales. Sus riffs resultaban tan potentes y electrizantes como delicadas las melodías, y sofisticadas las improvisaciones. Todo sonaba conocido- aires de Scofield, Jeff Beck, McLaughlin o Robben Ford, y absolutamente nuevo y personal a la vez. Los primeros temas fueron interpretados con guitarra eléctrica, la segunda parte con lap steel. A su alrededor, buenos acompañantes, destacando un batería resuelto y polirrítmico, que además cantaba muy bien y se marcó dos rockanrolles míticos; un teclista sutil al Hammond, todo matices y sutileza en los colchones y acompañamientos, y un bajista eficaz, quizás el menos integrado en la banda, pero aún así cumpliendo más que de sobra con su cometido. Muy bien metidos además arreglos y ejecución en directo de los temas: intensidades, coros, subidas y bajadas, ritmos, silencios...esas cosas que hacen de un concierto bueno algo superior.
Por la parte no tan buena, lamentar de nuevo la desagradable algarabía de la terraza, que se hacía evidente en el escenario en la presentación de los temas, las pausas y los temas tranquilos. Además de resultar molesta y perturbadora, me produce vergüenza ajena delante de los músicos. Les ves incómodos y piensas qué coño está haciendo esa gente, a qué ha venido y por qué no se calla. Es una cuestión realmente exasperante, que trasciende en mucho lo musical.
Para no alimentar la úlcera estomacal y obviando esta inevitable lacra, prefiero dejar en el recuerdo lo disfrutado de la noche con Jogeix y su banda: un concierto rebosante de virtuosismo y expresividad, creatividad y elegancia, brío y color. 

HEMEROTECA DE LOS CONCIERTOS Y ACTIVIDADES

DONDE ESTAMOS