jueves, 7 de septiembre de 2017

ROBERT JON & THE WRECK Sabado 16 de Septiembre

Con Robert Jon and TheWreck disfrutamos de una más que interesante inicio de la temporada de conciertos otoño-invierno en Valles, después de la pausa veraniega que nos vino bien a todos.Esta banda californiana de rock sureño -calificada así más que nada por redondear, porque había mucho más detrás-,dejó bien claro porqué han recibido el galardón de mejor banda en directo en los Orange County (su casa) Music Awards, y por qué fueron nominados además a la mejor banda de Rock y mejor banda de Blues.
El directo del grupo es demoledoramente brutal, y no da momento para el respiro. Música compleja, composiciones muy trabajadas en las que se mezclaron el southern rock, el blues, los aires más calmados de la americana roots y el rock progresivo. Un coctel definitivamente bueno si encima está bien tocado, tiene contenido, los artistas se lo curran en el escenario y el sonido de la sala acompaña.
El formato elegido por la banda fue el clásico para el desparrame rockero: dos guitarras, bajo, batería y teclados, todos perfectamente engrasados. Robert Jon cantaba y se acompañaba con la guitarra, pero en este sentido el protagonismo se lo llevó el solistaKrisButcher, con un raro estilazo en la guitarra, a más de la intachable maestría, que nos flipó a muchos.
Los dos primeros temas de salida, instrumentales,me impactaron por su estilo progresivo y jazzero, que según avanzaba me recordaba más a la Mahavishnu Orquesta que a los AllmanBrothers, es que cuando una se encuentra un tipo con melenas y sombrero de cowboy ya se le va la olla y prejuzga-aunque hubo tiempo para todo y hubo mucho de eso también. Después de este inicio brutal pasamos a un impás más tranquilo en el que Jon cantó dos o tres temas más folkies. Así pudimos sacar el foco de la lucha cómplice de las guitarras y disfrutar del resto de la banda: el bajista, discreto como muchos pero eficaz como pocos, un batera muy cachondo que se marcó luego un solo digno de una estrella (largo y muy ovacionado, aunque yo los solos de batería nunca los he entendido, me desconciertan) y un teclista también de lujo, muy brillante en fondo y forma.
Cundió mucho el concierto, todo iba encadenándose sin presentaciones ni discursos entre temas, siempre hacia delante y hacia arriba, creciendo la densidad por momentos. Temas largos y enrevesados, aunque con mucha onda sureña que al final siempre te lleva a lugares comunes. El teclista se marcó un par de solos de trance total, mágicos. Ese rollo progresivo setentero y las particulares improvisaciones cautivaron a los abueletes que andábamos por allí. Para mí uno de los mejores conciertos vividos en Valles, pa que veáis, les doy un 11. En cambio, a otros allí presentes no gustó tanto, yo qué se. Así es la vida y así tiene que ser.
Nos vemos en Valles. Pero no vengáis todos a la vez…
Conchi Gálvez


jueves, 20 de julio de 2017

DEROBERT & HALF TRUTHS viernes 28 de Julio

Se nos ha ido el verano en un suspiro, y a la espera del primer concierto de la temporada, sirvan estas breves líneas para hacer algo de memoria del último acontecido antes de este descanso. Fue el 28 de julio, una noche preciosa que empezó cálida y terminó tórrida. Desde Nashville llegaban a Valles el señor DeRobert y su banda ‘TheHalfTruths’, en una corta gira española que a toro pasado parece que les ha dado grandes satisfacciones.
A pesar de ser de Nashville, la meca de la música country, esta banda hace Soul en letras bien gordas. Un soul orgánico, vivo, estimulante. Sin grandes novedades en cuanto a composición o arreglos, fue la sinceridad, la naturalidad y simpatía dela banda lo que nos conquistó. Y el sonido de la sede, una atmósfera cálida y zumbeante. Al frente, y dándolo todo de principio a fin, un DeRobert enorme. Una voz rica y vibrante, que nos emocionó, encendió y nos hizo bailar. Sin presentaciones, argumentos ni protocolos, los temas se iban encadenando a un ritmo frenético. Tan pronto se metía en ritmos souleros arrullados por los metales como improvisaba en quebradas escalas de jazz dejando claro su dominio de la técnica vocal, que ya desde niño estudia y práctica. Pero a más de la técnica, era su alma entera la que este hombre lanzaba en cada uno de los temas, en cada gota de sudor que proyectaba desde el escenario, y fueron muchas. Por detrás, la banda iba dando soporte y alas a esos delirios. El batería incansable, se curvabasobre a su caja como si fuese a abrazarla o a fusionarse con ella, casi no se le veía detrás de los platos, tan concentrado, no se por qué me recordaba a aquellos pequeños mamíferos arborícolas de los bosques cálidos que se agarran con fuerza a los troncos sobre los que viven. A su lado,un bajistaimpasible iba marcando el ritmo al lado de un guitarrista más cercano al funk que al soul, insistiendo en unos ritmos mueve pies deliciosos; en la sección de viento, dos saxofones y una trompeta, rellenaban y enfatizaban ciertos momentos en buena armonía, aunque también hubo momentos para los solos más alocados. 
Y en la sala, la gente encantada, todos bailando, medio axfisiados por la temperatura y el sudor que llenaba el aire de cálidos y húmedos vapores. En un momento dado, fue salir a la terraza a fumar y alucinar viendo como en lugar de la habitual cháchara irritante, la gente miraba expectante al escenario y bailaba como un solo ser, cada vez más animada. Todos ondulando la cintura y moviendo cabezas, hombros y caderas.Recordáis  aquella escena de la capilla en ‘Granujas a todo ritmo’ con el reverendo Brown? Pues parecido fue…casi esperabas vera alguien atravesar de repente la terraza con un triple mortal, lo cual no hubiese resultado para nada inapropiado.  En fin, ya ha pasado más de un mes, seguro que la cosa no fue del todo así, seguro que fue MEJOR.  El sábado volvemos a la carga…nos vemos en Valles
Conchi Gálvez
https://www.youtube.com/watch?v=6B3G7fNp0gI

domingo, 28 de mayo de 2017

MILES NIELSEN & The Rusted Hearts sábado 03/junio8/2017


Miles Nielsen o cuando un concierto te cambia el ánimo. 
Mucho se ha hablado del poder curativo, redentor y transmutacional de la música, algo que a veces  que espero el factor sorpresa, unido a cierta vagancia exploratoria. Además, había estado un poco incómoda en el último concierto y venía con necesidad de reencontarmecon mi espacio. 
La banda llegó un poco cansada de Barcelona, pero enseguida en la prueba demostraron buen rollo, profesionalidad y mostraron algún temilla del repertorio que encantó a los presentes. Tras la cena, enseguida subimos para Valles, donde en la sede iba acomodándose poco a poco la gente, más que suficiente para dar ambiente al concierto llenando la sala, pero de una manera muy cómoda. 
El grupo venía formado por dos guitarras ( la del cantante y otra de un solista), bajo y batería, y un teclista que además le daba también al clarinete, a los saxos soprano y barítono. Unido a ello, hay que destacar las armonías vocales que funcionaron muy bien en todo el concierto, además de la voz solista. Todos muy buenos en lo suyo, una banda perfectamente acoplada y muy cómoda en el escenario, llevan varios años juntos y eso se nota; tuvieron momentos para destacar individualmente -el teclista/saxo y el guitarrista especialmente-, muy finos y detallistas, que se marcaron solos muy delicados, pero del concierto me quedo con el concepto banda. Y el sonido de la sala, perfecto.
Parecían en el escenario un grupete de amigos que disfrutan tocando juntos. Sin estridencias, pero con un trabajo muy bien hecho, lograron poco a poco envolvernosen su música que tenía el poder subyugante de las bandas hippies californianas y el poprock británico de los ’60 Kinks y Beatles, aunque en algunos temas con un poco más de poderío guitarrero y aire folk.
El repertorio estuvo muy bien presentado, tienen varios discos ya por ahí, temas suaves pero siempre para arriba, venían llenos de coros, solos acertados y arreglos bien trabajados. Música positiva, ondulantey muy fresca. Nielsen, cantante y guitarra en la formación, resultó un frontman de lo más interesante, muy concentrado en la interpretación, comunicador riguroso y detallista en la presentación de los temas, pero mostrando un aura pícara y anárquica que emanaba de todos sus poros. Muy simpática la labor de traductor del bajista, que vivió un tiempo en México y nos iba repitiendo en español más o menos bien lo que el solista contaba. Al principio nos aclarábamos, al final del concierto y después de alguna ronda de chupitos, casi entendíamos mejor al que hablaba en inglés que al traductor. Aprovecho para mencionar su buena labor con el bajo, ahí detrás mano a mano con el batería, marcándose unas bases rítmicas impecables. El batera, un poco gamberrete, llevaba un aparatejo con el que entre tema y tema iba soltando samplers de canciones y sintonías conocidas -recuerdo ahora la del coche fantástico-.
Lo que venía a decir al principio de esta reseña es que la banda consiguió cambiarnos el ánimo y meternos un buen chute de buen rollo a los que tuvimos la suerte de disfrutarlos, y el sentimiento creo que fue general en toda la sede. Los aplausos y la entrega del público fueron subiendo por momentos, y al final aquello era ya una celebración continua de bailes, palmas y vítores a la banda. Ellos captaban las vibraciones y las devolvían con creces, así que al final acabamos todos encantados, arriba y abajo. Cerraron con alguna versión de Tom Petty y con un ‘Surrender’ más relajado que el de papá y fueron muy aplaudidos. Se fueron encantados de Valles y prometiendo volver; para nosotros fue también una banda de la que repetiríamos un segundo concierto en la sede. El tiempo lo dirá. Mientras tanto, ya sabéis donde nos veremos: allí arriba a mano izquierda. Un abrazu
Conchi gálvez

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