viernes, 17 de abril de 2015

LAURENCE JONES REVIENTA VALLES

Léelo n'asturianu
Laurence jones
Noche de llenazo y buena música una vez más en Valles, aunque suene ya a lo de siempre. Laurence Jones llegaba con el halo de joven genio y promesa del blues europeo avalada por una biografía corta  -dada su juventud- pero llena de premios, buenas críticas y una gira estratosférica por delante. Y en Valles triunfó una vez más,  metiéndose al público en el bolsillo muy merecidamente, con un concierto que empezó fuerte y fue ganando más y más intensidad hasta reventar la sala en un aclamadísimo bis. 
Tres discos en tres años avalan también su energía compositiva y su efervescencia. En formato trío, el joven repasó en hora y media la mayoría de sus composiciones transmitiendo una verdadera pasión y deleite en el escenario que no tuvo dificultad en contagiar a los que tuvieron la suerte de pillar sitio en la petadísima y cada vez más falta de espacio sede de Valles.
En el repertorio, una continua descarga de blues rock, con guiños al blues más clásico del que ha bebido en su corta pero productiva vida, temazos lentos, algo de psicodelia y una guinda funky  muy intensa. Composiciones propias en su mayoría, -acompañada a veces de letras desesperadas que el joven atacaba con una voz suavemente rasgada-  y que se afanaba en presentar largamente ante una abarrotada sala que apenas le entendía pero que respondía con silbidos y aplausos llenos de buenas intenciones.
Con una primera parte en la que pudimos comprobar la buena técnica y el gusto compositivo del chaval, pero que resultó todavía un poco fría, la versión de Hendrix/Dylan ‘All alone  the watchtower’ marcó el punto de inflexión a partir del cual todo fue ganando en calor y colorido, tanto encima como debajo del escenario. Tema a tema se fueron sucediendo riffs, melodías y solos, la presencia rítmica fue ganando también protagonismo, empezamos a sudar, y cuando por sorpresa llegó la despedida del grupo, la masa enfervorecida no hubiese dejado bajar fácilmente a los músicos del escenario. La verdad que no hizo falta. El trío, de muy buena gana, pues se les veía encantados de la vida, nos regaló un bis apoteósico con un tema funk muy cañero, seguido conocido y  ‘real blues’ según las palabras de Jones ‘Every day I have the blues’, y terminando con el ‘Bullfrog Blues’ de Rory Gallagher para salir del escenario e instalarse ya en el olimpo de los dioses de Bocanegra. 
El formato trío y el protagonismo del solista apenas dio para el lucimiento de los músicos acompañantes, un batería discreto pero eficiente y certero, y un bajista extraordinario que actuó de esponjoso pero robusto colchón rítmico, tirando muchas veces de los temas, y otras veces impulsando los riffs de Jones como una invisible corriente térmica que  elevara a una majestuosa ave planeadora.
Solo en algunos momentos  echamos de menos la voz rota por la desesperanza y el licor, las suelas gastadas por la derrota y las arrugas del fracaso y la pérdida que le dan alma al blues y que en un joven tan fresco hubiesen resultado inverosímiles. Nada que la vida no cure, por otra parte. En fin, deseamos a este fenómeno una larga y magnífica carrera porque tiene mucho que decir todavía. En resumen: fue un encuentro fantástico.
Conchi Gálvez

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