miércoles, 3 de julio de 2019

CONCIERTO THE MAIN SQUEEZE_SÁBADO 27 DE JULIO





Lo de Main Squezee en Valles fue más que un concierto, generó una efervescencia, una energía y un amor desorbitado entre los que estábamos allí presentes que tardó horas en disiparse. Muchas son las bandas que pasan por nuestro escenario, muchos los estilos elegidos, la veteranía o bisoñez de los artistas, sus repertorios inéditos, las versiones, su puesta en escena... la pluralidad y diversidad de las propuestas es muy considerable. Entonces ¿qué es lo que hace que hace que un día cualquiera uno de esos conciertos resulte tan especial, tan mágico?  A lo largo de los 90 minutos que dura un concierto las sensaciones son infinitas, a veces empiezas con ganas y emoción y vas perdiendo interés; a veces el subidón va creciendo de menos a más; a veces no eres capaz de meterte en el directo ni un momento y estás pensando en el email preocupante que recibiste ayer en la oficina o en las tareas que te quitarás de delante si mañana madrugas un poco (por lo menos a mí me pasa). Sin embargo, otras veces la conexión se establece desde el principio, se intensifica a lo largo del concierto y acaba en delirio puro. Tiene que crearse ese enlace entre artista y público, ese algo que se percibe y que no se razona, esa conexión a través de la cual las emociones del músico son percibidas por el que escucha, que las amplifica, de tal manera que todo se retroalimenta y el espacio y el tiempo se confunden y todo  arde.
Main Squezee son una banda joven pero experimentada. Durante meses estuvimos viendo videos suyos en YouTube y la mayoría eran muy buenas versiones de grandes bandas de época de la psicodelia y el rock progresivo. Sin embargo, nos sorprendió el repertorio que presentaron en Valles, prácticamente original, con apenas un par de covers. Su oferta musical es moderna, muy al estilo de los jóvenes treintañeros que mezclan estilos sin problemas, el soul más clásico con la electrónica, el hip hop con el funk o el rock más guitarrero. En este caso los temas tenían la fuerza y el ritmo de la música negra, que el vocalista Corey Frye sabía defender con voz aguda pero palpitante, llena de matices, intensa y penetrante, unidos a unas bases y arreglos rockeros. A su alrededor, una banda genial y supercompenetrada, en la que todo iba sonando a la perfección. Destacaba entre ellos el guitarrista Max Newman, tanto por la abundancia y duración de sus solos como por la genialidad que demostró en la mayoría de sus intervenciones, combinando energía, buena técnica y mucho gusto en la improvisación. Solos interminables, espesos, progresivones, de esos que te ponen la cabeza en los confines del sistema solar. Estaba además un teclista que se marcó solos muy locos también y una base rítmica más ortodoxa de batería y bajo, este último con un groove jazzero muy interesante. Temas largos, bien concebidos y puestos en el directo, codas interminables y sofisticadas, envolventes, hipnotizantes, y todo con mucha energía.
La banda nos conquistó, nos hizo suyos y nos dejó con ganas de más. Tanto la elección de los temas, como el sonido y la comunicación y la simpatía que mostraron con el público les hicieron quedar muy arriba, y hacernos pasar un rato más que fantástico. Bailamos, sudamos, nos emocionamos y acabamos muy de subidón. Recuerdo que los comentarios eufóricos eran unánimes al acabar el concierto. Recuerdo también que un amigo me comentó que había disfrutado muchísimo este concierto, lo había vivido y se había emocionado como hacía muchos años no le pasaba, como cuando iba a conciertos veinte años atrás. Y eso que es músico y está todo el día entre ellos..…no se, la sensación de felicidad era generalizada, algo nos dieron estos chavales que nos sentó muy bien. Ojalá vengan otros a darnos más de lo mismo más pronto que tarde. Nos vemos en Valles..

Conchi Gálvez

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