sábado, 25 de julio de 2015

VÍCTOR COYOTE 01/08/2015

Marcando el ecuador del verano, el gallego Victor Coyote, acompañado por Pablo Novoa en la guitarra y Ricardo Moreno en la batería, ofreció en Valles el pasado 1 de agosto un concierto elegante y muy personal, lleno de colorido y sonidos del mundo revelados a través del filtro de su peculiar mirada.
Aquel moderno que en los años ‘80 ya mostraba aprecio por la fusión y el mestizaje del rock con los ritmos latinos, ha continuado su íntimo y personal camino, y 30 años después (una bagatela)  de aquellos tiempos de radio y videoclips sorprende con un repertorio maduro y profundamente sentimental lleno de sonidos mediterráneos, americanos y africanos, tan sensuales como nostálgicos.
El concierto, presentación del disco ‘De pueblo y de río’, y  que en principio nos imaginábamos íntimo y reposado -tres músicos en el escenario, instrumentos acústicos, voltaje comedido- resultó sin embargo desbordante, plenamente intenso y muy sincero, sumando el buen sonido, la grata profesionalidad de los músicos sobre las tablas y un repertorio exquisito. Todas canciones con alma las de este coyote solitario de espíritu nómada, temas propios de un sofisticado pop- nos encantó ‘Joven de cuello vuelto’- que se alternaron con versiones muy personales de temas de distintos países. En un sinuoso recorrido, llegaron la griega y dolorosa ‘Yo el extraño’, con la que manifestó sentirse identificado, los sonidos de los carnavales andinos de ‘Verbenita’, la  dulzura brasileña de Roberto Carlos en ‘Debaxo dos caracois do seus cabelos’ o la melancolía contagiosa de ‘Havemos de ir a Viana’ un tema popular portugués, por citar algunas.
Ante todo, destacó en el escenario la voz de Victor, una voz rotunda, imponente, segura de si misma -camuflada a veces con efectos de micro- y a la vez evocadora y tremendamente afectiva. El cantante se acompañó estupendamente de guitarras varias y ukelele. Por detrás, y marcando el acompañamiento armónico y rítmico, la guitarra eléctrica de Pablo Novoa, de técnica limpia y depurada pero de afilado y vibrante sentimiento. Y a los platos y maracas un Ricardo flexible y ecléctico adaptando magistralmente los variados ritmos con aparente sencillez.
El público respondió con alegría, aplausos y bailoteo  a esta explosión de sonoro colorido. Amplia satisfacción entre los presentes al cierre del concierto, con un bis muy solicitado que terminó con una jota portuguesa curiosamente interpretada al baile por Pablo Novoa, gesto sorprendente -pero muy gallego- para un tipo de apariencia tan sobria y reservada. Tres enormes artistas con los que compartimos una noche deliciosa.

Conchi Gálvez

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